Encontrar el equilibrio entre tus necesidades y las de quienes te rodean es una de las habilidades más importantes de la inteligencia emocional.

Si hoy te resulta más fácil escuchar que leer, puedes oír esta reflexión completa aquí.

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Vivimos en una época en la que se habla mucho de autocuidado.

Y, sin duda, es algo necesario, diría más, es fundamental para el propio equilibrio.

Durante años muchas personas han vivido pendientes de las necesidades de los demás, mientras ignoraban las suyas propias. Han dado más de lo que podían sostener y han terminado agotadas, frustradas o sintiendo que se habían perdido a sí mismas.

Sin embargo, cuando algunas ideas se simplifican demasiado, corremos el riesgo de pasar de un extremo al otro. Y he visto que este es el caso. 

A veces encontramos mensajes que parecen resumirse en una única consigna:

«Elígete siempre a ti.»

«Priorízate.»

«Antepón tus necesidades por delante de todo.»

Aunque comprendo la intención positiva que hay detrás de estas frases, he comprobado que a veces dejan fuera una parte importante de la realidad.

Porque no vivimos solos, tenemos relaciones.

Tenemos hijos, padres, parejas, amigos, compañeros o personas que dependen de nosotros en determinados momentos de la vida.

Y sus necesidades también existen.

El equilibrio entre autocuidado y empatía

Durante años he ido aprendiendo que cuidarme no significa ignorar las necesidades de las personas que forman parte de mi vida.

Tampoco significa asumirlas todas yo sola.

Como muchas otras personas, he tenido que encontrar formas de atender responsabilidades familiares importantes sin perder de vista mis propios recursos.

Precisamente por eso he comprendido que la verdadera inteligencia emocional no consiste en elegir entre uno mismo y los demás, sino en encontrar un equilibrio que permita sostener ambas cosas.

El problema no siempre es ayudar

Hay personas que creen que su saturación aparece porque atienden demasiado a los demás.

Y, en algunos casos, puede ser cierto.

Pero después de años trabajando con personas que tenían estrés, he comprobado a menudo que el problema es otro.

El verdadero problema aparece cuando ellas solas intentan responder a todo.

Es decir, que no buscan apoyos cuando los necesitan.

Tampoco piden ayuda cuando comprueban que no llegan a todo.

No buscan ni organizan recursos para continuar adelante. 

Y confunden responsabilidad con sacrificio permanente.

Ayudar no suele ser el problema.

El problema aparece cuando una sola persona intenta sostener lo que necesita una red entera.

Empatía no significa absorberlo todo

Existe una diferencia importante entre comprender una necesidad y asumir toda la carga que genera.

Podemos acompañar al otro sin resolverlo todo.

También podemos ayudar sin sustituir a la otra persona, sin absorber todo lo que tiene.

Es posible que estemos presentes sin convertirnos en responsables absolutos de todo lo que ocurre.

Porque la empatía saludable no consiste en absorber el sufrimiento ajeno, sino que se trata de comprenderlo y responder de la forma más adecuada posible.

Y, en ocasiones, la respuesta más adecuada no es que hagas más, sino que busques más recursos.

Preguntas que pueden ayudarte

Cuando nos sentimos sobrecargados solemos hacernos una pregunta que de entrada nos crea controversia:

¿Debo pensar en mí o en los demás?

Sin embargo, quizá esa no sea la pregunta más útil, porque el resultado casi siempre te deja insatisfecho.

Cuando surja esa situación de sentirte sobrepasado, prueba con estas otras preguntas:

  • ¿Qué necesita realmente esta situación?
  • ¿Qué necesita la otra persona?
  • ¿Qué necesito yo para poder sostener esta situación?
  • ¿Qué recursos adicionales podrían ayudarnos?
  • ¿Quién más puede colaborar?
  • ¿Qué parte me corresponde realmente y cuál no me compete?
La inteligencia emocional no consiste en elegir entre tú o los demás.
Consiste en desarrollar el discernimiento necesario para cuidar de ambos.

Una reflexión para esta semana

Piensa en una situación de tu vida demandante, algo que  te esté exigiendo mucho actualmente.

Y pregúntate:

¿Estoy intentando resolver esto completamente sola?

¿Qué apoyo, ayuda o recurso podría incorporar para sostener mejor esta situación?

Reflexión final

 
La verdadera inteligencia emocional no consiste en elegir siempre entre tú o los demás.
Consiste en encontrar la forma de responder a las necesidades reales de ambos sin destruirte en el intento.

Porque el autocuidado no es egoísmo.

Pero tampoco es responsabilidad emocional asumir en solitario todo lo que la vida pone delante de nosotros.

Muchas veces, la solución no es hacer más.

La solución es sostener mejor.

Ahora puedes dar un paso más.

 

Si esta reflexión te ha resultado útil, quizá también te interese mi vídeo gratuito:

«Por qué sigues sintiéndote sobrepasada aunque intentas hacerlo todo bien».

En él descubrirás algunos de los patrones invisibles que suelen mantener la sensación de saturación incluso en personas responsables, comprometidas y con ganas de hacer las cosas bien.

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