La motivación también se desgasta.

No siempre perdemos las ganas porque hayamos dejado de creer en nuestro objetivo. A veces simplemente llevamos demasiado tiempo exigiéndonos sin cuidar la energía que lo sostiene.

 

Si hoy te resulta más fácil escuchar que leer, puedes oír esta reflexión completa aquí.

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Todos hemos vivido momentos en los que empezamos un proyecto con ilusión.

  • Aprender algo nuevo.
  • Cambiar un hábito.
  • Preparar una oposición.
  • Mejorar una relación.
  • Cuidarnos más.

Al principio sentimos energía, después, sin saber muy bien por qué, esa energía comienza a disminuir.

Y solemos pensar:

          «He perdido la motivación.»

Pero, la mayoría de las veces, ése no es el verdadero problema.

 

La motivación no siempre desaparece; muchas veces se desgasta

Recuerdo a un hombre que quería obtener una plaza en un instituto de investigación muy prestigioso. Llevaba tiempo esperando que sacaran los exámenes de ese puesto.

Y cuando por fin ya tenía una fecha, de pronto, se le fueron las ganas de continuar adelante.

Supo que había otros candidatos y empezó a sentirse muy inferior a ellos.

En su cabeza, construyó la idea de que era imposible obtenerla y dejó de sentir toda la motivación para seguir estudiando que tenía antes de saber la fecha.

 

¿Qué va apagando poco a poco la motivación?

Cuando pensamos que hemos perdido la motivación solemos buscar una gran explicación.

Sin embargo, muchas veces no existe un único motivo. Son pequeños hábitos, pensamientos o formas de relacionarnos con nosotros mismos los que, poco a poco, van erosionando la ilusión inicial.

Algunos de ellos son estos:

 

Hábitos que consumen tu energía sin darte cuenta

Antes de intentar hacer más cosas o imponerte nuevas normas, quizá convenga mirar en otra dirección.

Porque, a veces, el problema no es la falta de esfuerzo, sino esos pequeños hábitos que repetimos cada día sin darnos cuenta y que van desgastando nuestra energía poco a poco.

Algunos de ellos son estos:

Como ves, ninguno de estos hábitos parece especialmente importante cuando aparece por separado.

Sin embargo, cuando varios de ellos se mantienen durante semanas o meses, terminan creando un desgaste silencioso que acaba afectando a nuestra motivación mucho más de lo que imaginamos.

La motivación también necesita ser cuidada

Hay una idea que solemos pasar por alto: la motivación no se mantiene sola.

No basta con desear algo intensamente una vez para seguir avanzando siempre con la misma energía. Igual que una planta necesita agua y luz para crecer, nuestra motivación también necesita ciertos cuidados si queremos que permanezca viva con el paso del tiempo.

Algunos de esos cuidados son tan sencillos como estos:

Porque la motivación no se alimenta solo del esfuerzo. También necesita descanso, reconocimiento y la sensación de que el camino merece la pena.

Una pregunta para esta semana

Antes de pensar que has perdido la motivación, pregúntate:

       «¿Qué es lo que realmente está desgastando mi motivación?»

Quizá descubras que el problema no es que hayas dejado de creer en tu objetivo.

Puede que simplemente lleves demasiado tiempo caminando con un peso que no necesitabas cargar.

Así que revisa qué es lo que apaga ese impulso primero.

De hecho, recuerda ese impulso inicial que te llevo a decidir y, desde ahí, mira por qué ahora desapareció aplastado por la carga que le pusiste encima; identifícala.

 

Reflexión final

La automotivación no consiste en obligarte constantemente a seguir adelante.

Consiste en crear las condiciones para que la ilusión, la energía y el sentido para hacerlo, puedan mantenerse en el tiempo.

Porque, cuando aprendemos a cuidar nuestra motivación en lugar de exigirnos continuamente, dejamos de depender de los impulsos del momento y construimos una fuerza mucho más estable:

El impulso de avanzar con constancia, incluso cuando el entusiasmo no es tan intenso como el primer día.

 

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«Por qué sigues sintiéndote sobrepasada aunque intentas hacerlo todo bien».

En él descubrirás algunos de los patrones invisibles que suelen mantener la sensación de saturación incluso en personas responsables, comprometidas y con ganas de hacer las cosas bien.

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