El enfado no es el problema. El problema suele ser lo que hacemos con él cuando aparece.

Si hoy te resulta más fácil escuchar que leer, puedes oír esta reflexión completa aquí.

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Todos nos enfadamos alguna vez.

Sin embargo, pocas personas han aprendido realmente qué hacer con esa emoción cuando aparece.

Algunas intentan reprimirla, otras la expresan de una forma impulsiva, y muchas terminan oscilando entre ambos extremos.

Pero existe una alternativa mucho más útil. 

Se trata de una forma de relacionarte con el enfado, que te permite comprender lo que intenta mostrarte sin que tome el control de tus acciones.

El enfado tiene una función

Es así, como lo lees, y a primera vista te puede parecer imposible porque esta emoción tiene muy mala fama y muchas personas rechazan lo que tiene que ver con ella, ya que les resulta desagradable.

Pero hay una realidad que aceptar, y es que el enfado forma parte de nuestras emociones básicas y, por tanto, tiene la función de apoyar nuestra mejor supervivencia.

La mayor parte de las veces aparece para llamar la atención sobre algo que es importante para nosotros:

– Un límite que se ha cruzado,

– Una necesidad que no está siendo atendida,

– Una situación que percibimos como injusta,

– O una acumulación de malestar que llevamos demasiado tiempo ignorando.

Por eso, intentar eliminar el enfado, no suele ser la mejor estrategia; diría mejor, que casi siempre tiene consecuencias perjudiciales o no deseadas.

Resulta mucho más útil comprender cuál es la información que está intentando transmitirnos.

El problema de reprimir el enfado

Como te decía al inicio, muchas personas han aprendido que enfadarse es algo negativo y está mal visto, así que intentan controlar la emoción: la ocultan, la minimizan o actúan como si no existiera.

Sin embargo, las emociones no desaparecen simplemente porque dejemos de expresarlas, lo que suele ocurrir es que toman otras manifestaciones.

Con frecuencia, el enfado reprimido termina revelándose de otras formas como:

▪️resentimiento,

▪️ironía,

▪️cansancio emocional,

▪️distancia afectiva,

▪️somatización,

▪️explosiones posteriores aparentemente desproporcionadas.

Y es que la emoción sigue ahí, simplemente ha cambiado de forma.

 

El problema de actuar desde el enfado

El extremo contrario tampoco suele dar buenos resultados. Hay quien cree que es necesario expresar todo ese enojo y descargarse.

Cuando actuamos desde el momento de máxima intensidad emocional, es más fácil decir cosas que después lamentamos.

Y también se pueden tomar decisiones precipitadas que no tiene buenas consecuencias.

O reaccionar de formas que dañan relaciones importantes.

Por eso, la autorregulación emocional no consiste en negar el enfado ni en dejarlo campar por sus respetos, 
consiste en evitar que sea él quien tome las decisiones.
 

No soy mi enfado

Una de las ideas más útiles para gestionar esta emoción es recordar algo muy sencillo: 

No soy mi enfado, estoy enfadado o enojado.

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo nuestra relación con la emoción.

Cuando reconocemos que estamos enfadados sin identificarnos completamente con ese estado, aparece un espacio de observación.

Y en ese espacio recuperamos nuestra capacidad de elegir.

Preguntas que pueden ayudarte

Así que una opción ante tu enfado es que pruebes a preguntarte:

▪️¿Qué está intentando mostrarme esta emoción?

▪️¿Qué necesidad hay detrás?

▪️¿Qué límite necesita atención?

▪️¿Qué conversación necesito tener?

▪️¿Qué aprendizaje puedo extraer de esta situación?

El enfado o enojo no necesita ser eliminado, sino que requiere ser escuchado. Se trata de que te detengas y observes lo que te indica a ti en tu situación.

 

Una reflexión para esta semana

La próxima vez que te enfades, intenta hacer una pausa antes de reaccionar:  Observa, respira hondo unos instantes, y pregúntate:

¿Qué intenta decirme este enfado que todavía no he querido o no he sabido ver?

La respuesta puede aportarte más información de la que imaginas.

 

Reflexión final

Por último, te dejo algo a tener en cuenta para tener en cuenta. La autorregulación emocional no consiste en dejar de enfadarte, sino en conseguir que tu enfado deje de dirigirte y empiece a informarte.

Porque cuando aprendemos a escuchar nuestras emociones sin obedecerlas automáticamente, recuperamos algo muy valioso:

La capacidad de elegir cómo queremos responder.

 

Da un paso más

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2 respuestas

  1. He leído tu artículo Araceli con mucho interés y quería agradecerte la claridad y sensibilidad con la que abordas la gestión emocional.

    Me ha resonado especialmente la reflexión sobre el enfado como una emoción que no viene a dirigirnos, sino a informarnos. A menudo tendemos a rechazar ( yo la primera) o pelearnos con nuestras emociones, cuando en realidad pueden convertirse en una valiosa fuente de autoconocimiento si aprendemos a escucharlas sin reaccionar automáticamente. Gracias por tus enseñanza y la membresia tan valiosa que ofreces.

    Como profesional de la salud, veo con frecuencia cómo muchas personas intentan silenciar lo que sienten sin detenerse a comprender qué necesidad, límite o mensaje hay detrás de esa emoción. Por eso considero especialmente valiosa la pregunta que planteas:

    «¿Qué intenta decirme este enfado que todavía no he querido o no he sabido ver?»

    Creo que solo desde esa pausa consciente podemos desarrollar una verdadera autorregulación emocional y recuperar la capacidad de elegir cómo responder ante las situaciones que vivimos.

    Gracias por compartir una reflexión tan útil y necesaria. Me llevo una invitación muy valiosa: dejar de luchar contra las emociones para empezar a comprenderlas.

    Carmen Cuadra

    1. Hola Carmen!
      Muchas gracias por tu detallado comentario en que hablas de algo tan humano que todos alguna vez enfrentamos: el rechazo de nuestras emociones. Es tal cual lo expresas.
      Cuánto me alegro de que te haya gustado el artículo y es un verdadero placer acompañarte en la Membresía de los Talleres Mensuales de Inteligencia Emocional.
      Tu interés y tu gran enfoque en mejorar y aprender cada día te están dando y te darán aún más los mejores frutos en conseguir una excelente gestión emocional.
      Gracias de corazón por compartir tus reflexiones.

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