Nuestros pensamientos influyen en cómo nos sentimos y en las decisiones que tomamos. Sin embargo, no todos describen la realidad. Aprender a mirarlos con criterio es una de las habilidades más valiosas que podemos desarrollar.

No todo lo que piensas es verdad - Inteligencia emocional - Araceli Vega

Si hoy te resulta más fácil escuchar que leer, puedes escuchar esta reflexión completa aquí.

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Que aparezca en tu pensamiento no significa que sea verdad

Pensar forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos. 

Nuestra mente está en funcionamiento prácticamente todo el tiempo y hay pensamientos que nos ayudan, nos inspiran o nos orientan. Sin embargo, también aparecen otros que llegan sin que los hayamos elegido y nos crean malestar:

«Seguro que lo he hecho mal.»

«No voy a poder.»

«No le importo.»

«Siempre me pasa lo mismo.»

La dificultad no está en que esos pensamientos aparezcan.

La verdadera dificultad comienza cuando dejamos de cuestionarlos y empezamos a creer que describen exactamente la realidad.

Y, cuando eso ocurre, una simple interpretación puede terminar convirtiéndose en una emoción, en una decisión o incluso en una manera habitual de vivir, llegando incluso a desgastar nuestra motivación.

Los pensamientos no son hechos

Existe una confusión muy frecuente: creer que todo lo que pensamos tiene que ser cierto.

Pero es una evidencia que pensar algo no lo convierte automáticamente en un hecho constatable.

Porque nuestra mente interpreta continuamente lo que ocurre alrededor, y lo hace siempre tratando de completando información que no tiene:  hace suposiciones, recuerda experiencias pasadas o anticipa posibles problemas.

Todo ello cumple una función muy importante: ayudarnos a orientarnos y protegernos.

Sin embargo, ese mapa mental no siempre coincide con el territorio real, por eso conviene recordar una idea sencilla, pero profundamente liberadora:

Un pensamiento puede parecer muy convincente y, aun así, no describir la realidad.

 

La mente intenta protegernos… aunque a veces se equivoque

Nuestro cerebro está diseñado para detectar posibles amenazas, y esta es la razón por la que con frecuencia imagina escenarios difíciles incluso antes de que sucedan.

Esto no lo hace con el fin de perjudicarnos, es un mecanismo que siempre intenta protegernos.

El problema aparece cuando dejamos de distinguir entre este mecanismo que incluye una posibilidad y un hecho real.

Entonces empezamos a reaccionar emocionalmente ante situaciones que todavía no han ocurrido… o que quizá nunca lleguen a ocurrir.

El criterio: una capacidad que podemos desarrollar

Llegados a este punto, muchas personas piensan que la solución consiste en intentar eliminar los pensamientos negativos.

Sin embargo, esa batalla suele estar perdida desde el principio.

Tampoco se trata de obligarnos a pensar siempre en positivo porque la mayor parte de las veces no es viable par ala mayoría de las personas.

La alternativa es mucho más útil y mucho más realista.

Se trata de observar nuestros pensamientos sin identificarnos inmediatamente con ellos y desarrollar criterio.

¿Qué quiere decir desarrollar criterio?

Lo que haces es crear un pequeño espacio entre lo que la mente dice y la decisión que finalmente vas a tomar.

Pueden ayudarte a hacerlo algunas preguntas como éstas:

  • ¿Esto es un hecho o una interpretación?
  • ¿Tengo pruebas suficientes para afirmarlo?
  • ¿Este pensamiento refleja realmente lo que está ocurriendo?
  • ¿Está alineado con los valores desde los que quiero vivir?
  • ¿Quiero permitir que este pensamiento decida por mí?

No siempre podremos elegir el pensamiento que aparece, pero sí podemos decidir el lugar que ocupará en nuestra vida., y esto marcará una diferencia notable en lo que ocurra a continuación.

Un ejemplo muy cotidiano

Imagina que envías un mensaje importante para ti a una persona y pasan varias horas sin recibir respuesta.

De inmediato te surge un pensamiento:

«Está enfadado conmigo.»

O quizá:

«No le importa lo que le he dicho.»

A partir de ahí, cambia tu estado emocional.

Empiezas a sentir preocupación, tristeza o enfado.

Incluso decides no volver a compartir con esa persona algo importante.

Horas después recibes su respuesta.

Simplemente estaba trabajando y no había visto el teléfono.

Nada de lo que habías imaginado era cierto.

El pensamiento produjo una emoción, la emoción influyó en tu comportamiento.

Y todo comenzó con una interpretación que nunca llegaste a comprobar, y que terminó afectando también a la relación que estabas construyendo.

Pensar con criterio nos hace más libres

No podremos impedir que aparezcan determinados pensamientos porque eso forma parte del funcionamiento normal de nuestra mente.

Lo que sí podemos hacer es decidir cuáles alimentamos y cuáles dejamos pasar.

Nuestro criterio puede convertirse en esa especie de aduana interior que revisa qué pensamientos merecen entrar y cuáles conviene observar sin darles el control.

Porque la verdadera libertad no consiste en controlar todo lo que pensamos, consiste en elegir qué pensamientos merecen dirigir nuestra vida.

Una propuesta para esta semana

La próxima vez que aparezca un pensamiento importante, antes de creerlo automáticamente, detente unos segundos y pregúntate:

¿Es un hecho… o es sólo la primera interpretación que ha hecho mi mente?

Esa pequeña pausa puede cambiar una conversación, una decisión o incluso el rumbo de tu día.

Porque, muchas veces, es precisamente en ese espacio donde recuperamos la libertad de elegir cómo queremos responder.

 

¿Cómo dejar de creer automáticamente todo lo que piensas?

No se trata de dejar la mente en blanco ni de luchar contra cada pensamiento negativo que aparece. La verdadera diferencia está en aprender a observarlos con criterio, preguntarte si reflejan realmente la realidad y decidir conscientemente cuáles quieres alimentar.

Esa pequeña pausa puede cambiar la forma en que te sientes, las decisiones que tomas y la manera en que te relacionas contigo y con los demás.

Tú tienes la última palabra

Nuestros pensamientos tienen un enorme poder, no porque siempre sean ciertos, sino porque muchas veces somos nosotros quienes les entregamos ese poder sin detenernos a examinarlos.

Por eso, además de preguntarte si un pensamiento refleja la realidad, quizá puedas hacerte otra pregunta igualmente importante:

¿Este pensamiento me ayuda a crecer, a comprender y a actuar mejor… o simplemente me limita?

Aprender a observar nuestros pensamientos con calma, filtrarlos con criterio y decidir desde nuestros valores no elimina las dificultades de la vida, pero sí nos permite responder a ellas con mucha más libertad.

Y, probablemente, esa sea una de las formas más profundas de inteligencia emocional.

Recuerda: No siempre podremos elegir los pensamientos que aparecen, pero sí podemos decidir cuáles alimentamos.

 

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3 respuestas

  1. Cuanta verdad Araceli en este articulo, de forma inmediata y sin pensarlo nos encontramos o más bien me encuentro con pensamientos que no me están acercando a mi objetivo , a mi proyecto. En este caso empiezo con….pero para que te metes en estos líos si tiene la vida resuelta a nivel profesional? o… ya eres mayor para andar con emprendimiento. Por lo tanto a la pregunta que planteas si es un hecho … o es la primera interpretación que ha hecho mi mente? Puedo responder que es una interpretación porque si me ciño a la realidad; ¿Cuántas personas mayores de 60-70 años han empezado en sus proyectos con éxito y estudiando carreras?

    1. Cierto Carmen! Nos pasa a todos, tomamos ideas absurdas que incluso contradicen lo que de verdad pensamos en el fondo, dándoles veracidad. Tan solo el criterio que tenemos todos, y que siempre ahí para decirnos lo que es verdad y real, puede pararlo. Muchas gracias por compartir tu experiencia con esto, es de muy buena ayuda. Un abrazo! 🙂

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